Hoy, Sábado 7 de noviembre de 2015
Unas frases mías, o reflexiones, si queréis, que son fruto de mi paso por la vida. Si os sirven, bien y si no, mejor porque tendréis vuestras propias reflexiones.
Signos de la superioridad
del hombre son la resistencia al trabajo, a la enfermedad, a los problemas, a
la enfermedad y hasta a la propia muerte.
Renovarse no equivale a
disfrazarse por dentro y por fuera. Renovarse es ser cada día más humanos, más
tolerantes y flexibles, para conscientes de la nada que somos y, no obstante,
de nuestra gran trascendencia.
Nada hay más bello que lo
auténtico, nada más espectacular que la singularidad. Las fotocopias pueden
amontonarse; los originales, no.
No olvidéis, hijos, que
para ser tenidos en cuenta, valorados y aceptados por los poderosos hay que arrodillarse ante su
presencia. Lo cual conlleva renunciar a nuestro legítimo derecho de caminar erguidos enarbolando la magia y la fuerza de la
libertad
Pero no olvidéis tampoco
que los poderosos, que tal precio exigen, son unos pobres necios que han
perdido el sentido de la orientación en este nuestro mundo.
En su pobre universo tan
sólo puede verse una estrella apagada: PODER.
Articular
históricamente el pasado no significa regresarlo como fue. Significa, eso sí,
adueñarse de un recuerdo en el instante que brilla un relámpago, porque, a su
luz, una imagen de las cosas podrá descubrir y dejar prendida para siempre en
vuestra percepción, instantes de felicidad.
Cada cosa, una
vez; sólo una vez para vivirla; siempre para recordarla, si en ello habita la
paz.
Ni un sólo
día paséis sin mirar al cielo. En él
encontraréis siempre la dimensión de
vuestra nada.
A ciegas, con el
paracaídas cerrado, no dudéis en arrojaros
al vacío. Veréis que sois semilla de árboles gigantes que pueden llegar
a rozar el cielo. Pero eso sí: notaréis
que los necios jardineros se conjurarán contra vosotros; no le hagáis caso; son
bonsáis.
No os dejéis
llevar jamás por arrebatos de pánico, porque los fantasmas que enarbolan tan
sólo son blancas sábanas en la oscuridad de la noche que se desvanecerán y caerán en la nada, al llegar la luz del día. Mejor, no mirarlos; mejor, mucho mejor ignorarlos. Y si permanecen en el día,
aprended a vivir con ellos, pero desde el lado luminoso de la verdad, de la
autenticidad.

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