Mi querido hijo: Anoche me hiciste vivir uno de
los días más felices de mi vida. Siempre supe de tus muchos valores y
capacidades, pero la verdad es que has llegado pronto muy lejos. Sí, por fin, a
base de mucho trabajo en horas extras, de mucha constancia y sobre todo
creatividad e ilusión, pudiste presentar tu obra Carruajes en el Alcázar de los
Reyes Cristianos, una preciosa obra derroche de grandes fotografías en
color y de interesante información compartida con tu compañero Pineda. ¡Qué
palabras las del excelentísimo señor Alcalde de Córdoba y las del Director del
Diario Córdoba, donde tantos años y con tanta profesionalidad llevas
trabajando! Te miraba y veía sentado allí, rodeado de autoridades,
de tanta gente como te quiere, como te queremos y que llenábamos el
precioso salón de mosaicos del nuestro Alcázar de los Reyes Cristianos, y
una especie de moviola me llevaba a tus años de niño en una escuela que no era
ni para ti ni para mí, ni para niños que, con una mente no alienada
a métodos tradicionales, resultaban molestos para maestros que solo manejaban
tallas generales sin tener en cuenta, para nada, la individualidad y capacidad
de alumnos que, desde muy pequeñitos, apuntaban a un cambio radical en la
enseñanza.
Pero tus valores, no obstante, prevalecieron en otros ámbitos y, prácticamente, como autodidacta, elegiste tu camino por el que, paso a paso, con la antorcha de la creatividad siempre en alto sin dejarla decaer ni un solo instantes, llegaste, hace tiempo, lejos, muy lejos. Importantes premios nacionales de fotografía, premios internacionales de Infografías en el Diario Córdoba y hoy, tras un largo etcétera, con esta maravillosa obra que, sin pasión alguna, reconozco que nos has sorprendido a todos, mi felicidad no tiene nombre.
Mi querido, queridísimo hijo: En la dedicatoria de esta obra dices: Gracias a mis padres, Mariano e Isabel, pero sobre todo, gracias a mi madre que me supo educar en valores como la creatividad y motivación. ¡Claro que lloré y vuelvo a emocionarme cada vez que leo estas palabras o las oigo, de nuevo, el día de la presentación! Era mi fe en ti desde que empezaste a dar los primeros pasos, aunque confieso que no pensé jamás que fueras consciente de ello.
Por eso, hoy, quiero decirte algo: Si es cierto que siempre te estimulé y valoré, el gran mérito es tuyo que supiste levantar vuelo y dejar atrás, sin complejos, sin prejuicios, los aparentes y grandes futuros que corrían y corren por esta sociedad en la que los “títulos” parecen ser la panacea que nos aupará a la gloria. Tú, con trabajo, sueños y apuntado siempre alto, has logrado el mayor título que puede ostentar un ser humano: el de la autoestima y felicidad del esfuerzo sin apearse de la humildad y sencillez que siempre te ha caracterizado.
Soy, yo, pues, la que tengo que felicitarte, la que tengo que sentirme agradecida por tantos momentos de íntima felicidad como me haces vivir. No me cabe la menor duda que papá, esté dónde esté, también te mira y sonríe orgulloso.
Y no puedo pasar por alto, la aportación de tu hermana Isabel María, como colofón de aquella preciosa presentación: poesías de las que es autora y cuadro flamenco que nos colmó de magia andaluza.
Y nada más. Creo que ya vas sabiendo cuánto te quiere tu madre.
Pero tus valores, no obstante, prevalecieron en otros ámbitos y, prácticamente, como autodidacta, elegiste tu camino por el que, paso a paso, con la antorcha de la creatividad siempre en alto sin dejarla decaer ni un solo instantes, llegaste, hace tiempo, lejos, muy lejos. Importantes premios nacionales de fotografía, premios internacionales de Infografías en el Diario Córdoba y hoy, tras un largo etcétera, con esta maravillosa obra que, sin pasión alguna, reconozco que nos has sorprendido a todos, mi felicidad no tiene nombre.
Mi querido, queridísimo hijo: En la dedicatoria de esta obra dices: Gracias a mis padres, Mariano e Isabel, pero sobre todo, gracias a mi madre que me supo educar en valores como la creatividad y motivación. ¡Claro que lloré y vuelvo a emocionarme cada vez que leo estas palabras o las oigo, de nuevo, el día de la presentación! Era mi fe en ti desde que empezaste a dar los primeros pasos, aunque confieso que no pensé jamás que fueras consciente de ello.
Por eso, hoy, quiero decirte algo: Si es cierto que siempre te estimulé y valoré, el gran mérito es tuyo que supiste levantar vuelo y dejar atrás, sin complejos, sin prejuicios, los aparentes y grandes futuros que corrían y corren por esta sociedad en la que los “títulos” parecen ser la panacea que nos aupará a la gloria. Tú, con trabajo, sueños y apuntado siempre alto, has logrado el mayor título que puede ostentar un ser humano: el de la autoestima y felicidad del esfuerzo sin apearse de la humildad y sencillez que siempre te ha caracterizado.
Soy, yo, pues, la que tengo que felicitarte, la que tengo que sentirme agradecida por tantos momentos de íntima felicidad como me haces vivir. No me cabe la menor duda que papá, esté dónde esté, también te mira y sonríe orgulloso.
Y no puedo pasar por alto, la aportación de tu hermana Isabel María, como colofón de aquella preciosa presentación: poesías de las que es autora y cuadro flamenco que nos colmó de magia andaluza.
Y nada más. Creo que ya vas sabiendo cuánto te quiere tu madre.

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