MIS TESOROS

MIS TESOROS
ISA, RAMÓN Y BELÉN

martes, 15 de noviembre de 2016

Superluna



Para que recordéis siempre  esta noche de superluna 
fotografiada por Ramón en Almodovar del Río

jueves, 10 de noviembre de 2016

Amanece: amishijos

Buenos días, queridos hijos: fecha esta que no se me pasará jamás por alto, porque es aniversario del fallecimiento de mi padre, el mejor de los padres, que nos educó y consideró a los siete hermanos que somos, sobre todo con el ejemplo de honradez, respeto, cultura... educación, etc. No quiero entrar de lleno en ello porque son recuerdos de horas y días muy tristes. Por eso he elegido, para este día de espesa niebla y frío, algo que escribí para vosotros y que hoy os  transcribo.

Amanece
Amanece un día de otoño de frío y niebla. Las paredes de ésta nuestra casa, no obstante, poco a poco van tomando esa tonalidad rosada,que no conocéis porque os sorprende, cada día, en el mejor de los sueños.¡Es la llegada del día, hijos! Es algo así como un alumbramiento que el útero de la noche arroja a nuestras manos, y yo, vidente del milagro, acojo entre mis brazos con la misma ilusión, sorpresa y ternura que se acuna a un recién nacido. Cuando despertéis, el sol estará maduro ya será calor para vuestros sueños de vida, ya será antorcha para mostraros el camino.
Vuestra madre vela, vuestra madre borda esos primeros rayos,
porque son como una delicada flor que va despegando sus pétalos al tiempo que aroma el ambiente.
Y esta casa seguirá siendo rosa cada amanecer y vuestra madre os contemplará siempre en el sueño bendito de esta hora.

Despertad, hijos, con la felicidad de vivir un nuevo día en lucha con dificultades pero, ante todo, buscando y encontrando la vida en las pequeñas grandes cosas que os rodearán. No las dejéis pasar, porque son la vida que pasa y no vuelve.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Pensamiento para mis hijos

Queridos hijos: hoy he tropezado con una obra que os tengo dedicada y que  ni tan siquiera lo sabéis. De ella voy a ir copiando y pegando en este blog cosas que son importantes desde mi experiencia, si bien sé que la experiencia no se transmite pero  puede que se aprenda o nos facilite el aprendizaje.
Me creo que solo pretendo, como cualquier madre, evitar caigáis en errores o que os arrastre la corriente de lo vulgar  y hasta, al parecer,   ilógico.

Más que por los años, nos hacemos viejos,  a medida que  la soledad y el olvido siegan ilusiones y nos remiten a los nostálgicos recuerdos de lo que fuimos y tuvimos. 
Recordad, pues, queridos hijos, que, por lo general, los mayores, los viejos  no los hacen tanto los años como podemos hacerlos nosotros.

Dejar huellas es dejar destellos que pueden servir de guía a otros seres humanos en la oscura noche de la vida.
Seamos cocientes  de ello y no sobrevolemos por la arena de nuestro caminar.

¡Ojalá dejáramos de perturbar con nuestros muchos ruidos
los felices sueños de todos los niños  del mundo!

Tened siempre a mano una “caramelo” que poder regalar. No importa su tamaño ni color o sabor. Importa, y mucho, lo gratificante que pueda ser para un ser humano que no tenga “nada dulce en su vida”.

Hay muchas formas de matar o herir a los seres humanos
Por eso, antes de apretar el “gatillo”,
detengámonos un instante y mirémosle  fijamente a los ojos.
Descubriremos que  nos vemos en  ellos.

Y este tiempo que he tenido que permanecer sentada, he  intentado aprender  algunas técnicas creativas de dibujo, etc. os muestro dos,aunque ya tengo más de cincuenta,y con ello quiero deciros que la superación, la creatividad, etc no debemos  abandonarla nunca.



domingo, 18 de septiembre de 2016

Amaneceres


Queridos hijos. Siempre que podáis, no os perdáis los amaneceres. 
Son  anuncio de la vida que empieza, anuncio de un nuevo día  
en el que el sol nos visita  para empezar, para animarnos a vivir.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Abrazos y pipas

Buenos día de domingo, queridos hijos:  mucho, mucho calor en Córdoba, del que os quejáis a cada paso, cercanos a los 44 grados, aire que quema, literalmente. Pero supervivimos los cordobeses: abanicos, aire acondicionado, quien se  lo  puede permitir, agua fresca y, ¡a vivir!
Ayer fui testigo de la siguiente anécdota que hoy comparto con vosotros.

Diez de la  noche. Terraza de un  típico  bar cordobés.  En corta separación un matrimonio de avanzada edad, con una botella de agua por delante, comen pipas y de vez en cuando se abrazan.
Dada la cercanía, los miro y exclamó: ¡sana envidia!  La mujer, bajita, pasada de kilos, con poco, canoso y acaracolado, cabello, pegado al casco, me mira, sonríe y dice: ¡cincuenta aniversario, cincuenta años, señora, eso que le llama bodas de oro,  hace que nos “casemos”; lo estamos celebrando.

Y sí, me emocioné, y no por los cincuenta años de  matrimonio, que me es indiferente lo que cada uno quiera hacer en su vida, mientras  no  haga daño a los demás, me emocionó y envidé aquellos cincuenta años de amor, aquella  humilde, muy grande para ellos, celebración de  abrazos y pipas.

lunes, 1 de agosto de 2016

Bello amanecer


Siete  de la mañana. Nada más salir a la calle, un fresco indescriptible, con olor a tierra mojada, me soliviantan mis pasos hacia la playa que se hacen más ligeros e ilusionados. A dos pasos, los empleados de la limpieza me saludan: no se vaya lejos que el cielo está chungo -me dicen entre contenedores y camiones. Sí, está muy nublado; me encanta. Unas gaviotas me sobrevuelan. Unos pasos más y estoy en el espigón, mi destino de cada amanecer. Frente a mí, el puerto. A mi derecha un faro pequeñito. A mi izquierda, la sierra cuajada de casitas. Por detrás, unos dos kilómetros, Torre 
del Mar. Un cielo, en filigrana de nubes, luce ante mi vista en una maravillosa gama de tonos rosados, negros, grises... Me siento de cara al puerto, hacia el este, como cada día, en espera de que apunte el sol. El fresco se acentúa, las nubes, perezosas, "espurrean" unas gotas que me llegan y recibo como besos del cielo. ¡Qué emoción siento! ¡Qué paz, qué felicidad, qué delicia, que emoción siento! Respiró hondo una y otra vez como si quisiera tragarme cada instante que me parece divino. 
Ocho menos cuarto. El sol comienza su lucha con las nubes; es su hora de salida y encuentra la puerta cerrada. Un brillo dorado llega al mar que se torna metálico plateado. Mi cámara me pide más y más. No obstante siento miedo de moverme como si un leve aleteo de mis manos pudiera deshacer el encanto de aquellos momentos. Estática, como elemento más de paisaje, una oración me brota sigilosa: déjame, Dios, un día más. Quiero ser testigo, mañana, de esta hora de otra dimensión, de esta hora que quisiera eternizar y repartir por el mundo para que, a coro, repitiéramos: detrás de cada amanecer hay un Dios. 
Ocho y media. Por fin, el sol logra espantar a las nubes, un leve moviendo de gente que corre, que hace genuflexiones, que pasea en bicicleta... Es hora de recoger mis bártulos, y me voy, pero una fuerza nueva me acompaña. 
Ahora que os lo cuento, amigos, no sé si fue un sueño o realidad, pero en cualquier caso, por casi dos horas viví lo que pido y deseo sea mi cielo para siempre.