A mi hija Isabel María
Ya es historia la madrugada del pasado diecisiete de
febrero. Ya el recuerdo de aquellas horas es tan sólo algo así como el perfume
que el tomillo y el romero dejan en nuestras manos cuando, suavemente, lo
frotamos.
Eran las once de la noche, cuando el milagro de la vida se tornaba
urgencia en dolores de parto. Yo estaba allí, vida mía, como siempre sin hacer
grandes cosas, pero queriendo suplirlas todas con mi amor.
Te perdiste por
unos minutos. Tus pequeños, Gonzalo y Javier, incesantemente preguntaban: ¿Cuándo
viene la hermanita? Ya falta poco -les repetía-, ya nos vamos
al hospital por ella. Y, cuando te creía lista para correr, te
presentaste, doblada de dolores, con una fuente de calamares y no sé cuántas
cosas más: Cena, mamá; tú no puedes venir sin cenar. Jamás podré
olvidar aquella miscelánea explosión de tiernos sentimientos que me agarrotaba
la garganta.
Sí, ¡qué tiempo tan feliz aquel cuando,
tras la emocinada espera, el llanto de una niña, de tu deseada pequeña irrumpía
en el silencio de aquellas solitarias galerías! ¡Cómo me sobrecoge siempre el
misterio de la vida que se abre como el capullo del bosque en plena madrugada!
Quiero decirte, hija, cuánto admiro tu
coraje, tu deseo, y también, ¡como no! el de tu marido, de formar una familia,
a pesar de tantas dificultades como conllevan en estos tiempos tres hijos, y
quiero decirte que seas consciente de cuán hermoso es vivir estos años en
plenitud y conciencia de los mismos, porque pasarán tan pronto como un suspiro, y si hoy los hijos son trabajo, preocupación, sacrificio, mañana añorarás esas camitas de
pequeños que abrazados a osos de peluche duermen bajo tu amorosa y atenta mirada. ¡Qué tiempo tan feliz viven
los padres cuando todos duermen a la misma hora, cuando todos comen en la
misma mesa, cuando los hijos sólo son juego e irreparable despertar a la vida!
También yo me felicito, porque, una vez más,
compruebo que soy algo más que un puñado de ingenuas ilusiones, mil veces rotas
y recuperadas no obstante: soy, por cuarta vez, abuela.

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