MIS TESOROS

MIS TESOROS
ISA, RAMÓN Y BELÉN

domingo, 18 de mayo de 2014

No somos virtuales: Carta a mis hijos



Mis ingenuas creaciones, para vosotros


Queridos hijos: hoy quiero hablaros  del valor de la autenticidad nada comparable con la virtualidad, hoy tan al día.
Cuando  era  niña, allí en el jardín de mi casa, junto a la caracola real, entre arrullos de palomos, cacareo de gallina y ronroneo de gatos, con la cabeza  es­condida entre las rodillas, soñaba con cambiar  el mundo. Me daban pena los pobres, los ancianos, los criados...
Cuando fui mayor mis ambiciosos sueños se  encaminaron por otros de­rroteros: trabajaría por cambiar  una  escuela desacreditada, impopular, ru­tinaria...
Después, caí en la cuenta de que ten­dría que empezar por cambiar yo, aceptando la realidad que era, si bien en una escalada imparable de  supera­ciones, y así, desde abajo, la cadena de cambios, eslabón tras eslabón, podría crecer y  multiplicarse en mí para poder proyectarse en mi entorno.
Y, sí, me hice real,  auténtica, pagando alto precio por estos valores, porque no hay  detrás de ellos negros que nos hagan el trabajo, que den la cara, que nos promocionen y aúpen, que laven la imagen de nuestros  errores... El ser real, auténtico, el dar la cara y llevarla bien alta en estos tiempos, es sinónimo de  imprudencia, temeridad  de ingenuidad, en una palabra.  De ahí que cada día prime más la vir­tualidad, lo que puede ser pero no es, lo que normalmente es opuesto a lo efectivo y real. ¡Con cuánta emoción recibí las flores virtuales de mi amigo José Luis! Las fotocopié, las guardé... Era mi primer contacto con las posibi­lidades de la virtualidad. 
Más tarde, palabras de un amigo al teléfono resultaron ser también virtua­les, y sufrí las primeras consecuencias de lo virtual: nada de compromisos, nada de explicaciones, tras haber sem­brado,  como mínimo, ilusión y mentiras. Todo, hasta el sexo, se puede practicar vir­tualmente. Todo puede ser, sin ser, pero,  ¿acaso es algo comparable con la calidez de la proximidad, de lo real..?
No, hijos, los seres humanos jamás debemos escondernos en la virtualidad, los seres humanos somos realidad, y nunca una imagen, unas palabras que la técnica  permite manipular, vender en un in­tento de engañar al comprador serán comparables ni tan siquiera se podrán imitar, aunque sí falsear.
Hay que reivindicar autenticidad, fi­delidad,  hay que recuperar la realidad que somos, hay que sacar tiempo para saborear las maravillas del legítimo vivir, hay que ser conscientes de nues­tra  singularidad y no venderla o rega­larla escondida en la máscara de lo vir­tual.
La vida es un documento sin rubricar. Estampemos en él nuestra cara más real, más incuestionable, aquella que, con un soplo divino llegó a la vida. Muchos besos.

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