Pues, sí, como cada día, madrugué.
No me quería perder este precioso amanecer para que lo recordéis siempre,
tras la cena de anoche: serena, sencilla pero
tan entrañable que me sentí feliz y agradecida por vuestro cariño y el de mis nietos, manifiesto
en atenciones y regalos que me superaron.
Que
nunca dejéis de estar unidos porque poco
más os puede dar la vida, y eso ya será siempre mucho y mi mayor deseo.
Os quiero muchísimo; sois dmi gran tesoro.

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