Mi montaje de este año, ilusión de sorprenderos
Las fiestas de Navidad ya están, un año más, en
nuestros hogares, en nuestras vidas, en nuestros bolsillos. Y en ellas, casi
como absurdo simulacro, el Nacimiento de Dios. Y yo, hijos, en este amanecer
frío, con días aún para la gran fiesta, os invito a una reflexión que nos
reconduzca al único camino que los seres humanos deberíamos no perder, o
retomar en cualquier caso.
Sí, el
camino que lleva a Belén, al encuentro con la verdad, con la solidaridad, con
la justicia, con el amor. Porque allí está Dios, en ese pobre solitario que no
invitamos a nuestras celebraciones, en el emigrante que mendiga por nuestras
calles o flota muerto sobre las aguas de
nuestros mares, como esas oleadas de peces que a veces arriban a nuestras
playas. Y Dios está en esos niños que se mueren en indigencia y abandono, y en
tantos ancianos que tan sólo son rumiantes de recuerdos silenciados, y en
tantas mujeres maltratadas, muertas que cada día son noticia en nuestros medios
de comunicación, y en otros mundos donde la gente muere en locas guerras…
No,
no hay silencios en la gran boca de Dios. Hay, eso sí, oídos sordos de los hombres que
buscamos y queremos un Dios, justo a nuestra medida.
Y en estos días especialmente sólo le pido a Dios
que las desgracias no me sean, ni os sean, jamás indiferente y que en este "Camino que
lleva a Belén" podamos ir acompañados, de la mano, de tantos pobres,
marginados y solitarios caminante como andan, invisibles, por él.
Un recuerdo muy especial para papá, tan amante de la Navidad. Él sigue vivo en nuestras vidas y en nuestros silencios, silencios, complicidad y cortesía de unos para otros.
Y deciros un año más, que os quiero muchísimo.

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