os traiga un relato muy breve que nos sirva para reflexionar y opinar con sinceridad.
Un hombre, ansioso de felicidad, la buscaba, la perseguía cada día en el dinero, en el poder, influencia, en la fama. Y rastreando, oprimiendo, sobornando..., andaba inquieto de acá para allá sin lograr acallar las mil voces de sus deseos.
Una mujer, serena, con una plácida sonrisa
que no se apeaba de sus labios, reflejo inequívoco de su felicidad, era antigua
amiga de la infancia juventud.
El hombre y la mujer, tras mucho tiempo sin
verse, se encontraron un día.
El hombre al verla, exclamó: ¡caramba que bien te veo! Pareces una mujer
feliz. ¿Cuál
es tu secreto? Deseo la felicidad. La busco cada día pero, ¡qué perdida anda!
La mujer, serenamente contesto: ahí radica el secreto. Yo no salgo a
buscarla; salgo a encontrarla y, ¡vaya si la encuentro!

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