Queridos hijos: hoy os quiero hablar, brevemente, de la amistad, por las muchas veces que he creído tener amigos que, un día, sin la menor explicación, se esfumaron para siempre.
1. Haced
bien a todos, amigos o no, porque no debéis olvidar que la muerte nos acecha, y con ella la
soledad eterna. Sólo, ante ella, conciencia del
bien o mal obrar en nuestro paso
por la vida. Por ello no os reservéis para mostrar amistad sólo en días
felices. No, día tras día, procurad estar cerca, ser albergue, camino, luz,
copiosa lluvia para el amigo. Jamás, compás de espera, cuenco presto sólo a
recibir seco para dar.
2. ¿Son los amigos un bien necesario? ¿Quiénes
son buenos amigos? A veces uno se pregunta cosas acerca de la amistad, y a
veces busca y hasta cree encontrar al amigo. No obstante, ¡cuánto engaño en la
palabra amistad! El verdadero amigo es el que sabe llegar a nuestra alma con su
alma. El verdadero amigo, no exige, no reprocha, no juzga, y menos, condena.
3. La vida, las relaciones humanas conllevan
siempre amargos chispazos que se nos escapan y pueden herir al ser que menos
deseamos.
No obstante tenemos la capacidad de hablar, de
sincerarnos, de discutir motivos…
Pero el silencio en la amistad es peor que la
muerte. Al menos yo así lo he vivido.

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