Un breve relato relato que nos dice mucho de
subjetividad y nada de objetividad, cosa muy frecuente entre las personas que
difícilmente somos capaces de cambiar de opinión, aunque estemos equivocados.
De ahí que personalmente considere absurdos toda clase de debates, sobre todo
cuando se trata de ideologías.
No obstante, hijos, es preciso saber cuándo y cómo nuestra opinión carece de esa objetividad, haciéndonos inútiles para rectificar, rozando así irracionalidad y dejándonos atascados en un sin sentido. Nadie es dueño de la verdad absoluta, luego tratemos de comprender la verdad del otro
Dos hombres cultos y grandes amigos comían en un
restaurante. De pronto se enfrascaron en una absurda discusión, acerca del
color del mantel que cubría la mesa. Uno decía: es verde. El otro decía: es rojo.
Poco a poco, rojo, verde, verde, rojo, fueron
alzando el tono de sus voces que fueron oídas por un amigo de ambos que
exclamó: pero, ¿cómo puede ser que andéis peleando por el color del mantel? ¿Os
habéis vuelto locos o habéis perdido la memoria? El mantel no es ni rojo, ni
verde: el mantel es marrón. ¿Acaso no recordáis que los dos sois daltónicos?
Otro hombre que también escuchaba atento se dijo: ¡qué
disparate! No se dan cuenta que son daltónicos los tres y no ven que el
verdadero color del mantel es el azul.
Uno más, que
también escuchaba, se dijo: ¡vaya un atajo de locos! ¡Si la mesa no
tiene mantel!
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