MIS TESOROS

MIS TESOROS
ISA, RAMÓN Y BELÉN

lunes, 18 de agosto de 2014

Hoy quiero hablaros del amor


        El amor es armonía, complicidad, 
mirar y ver en la misma dirección pero con distintos ojos

Queridos hijos: Hoy quiero hablaros del amor, tal y como yo lo  veo, lo siento y trato de vivir.

Los valores  que admira el mundo  tan sólo son  efímero centelleo de una estrella fugaz que se apaga en la tierra.
Pero  la belleza, los valores que admira el sabio son  universal armonía de la que sólo se percibe una suave brisa que deja al descubierto el corazón palpitante del hombre.

Vivir una historia de amor es un privilegio tal que, desde mi punto de vista, es lo único que vale la pena en este mundo, pero esa historia de amor se escribe desde mu­chas y varia­das perspectivas.
Lo importante es dar con la "letra" capaz de rellenar pági­nas hermosas. 

El amor no son palabras, no, no son historia que se cuenta.
El amor se intuye, se adivina, se transmite…  
Las palabras, la historia pueden estropear el amor.

El amor es una delicada flor que hay que abonar, regar, cuidar de las excesivas temperaturas, trasplantar, si fuera preciso y, sobre todo, dejar crecer en libertad.
No hay flor que resista los caprichos que un mal día se le puedan ocurrir a un mal jardinero.
Ni hay flor que resista la presión, el chantaje de otro amor.
La flor del amor sólo se alimenta de amor.

No confundáis amor con sexo. Puede que se den ambas cosas, y nada habrá comparable con esa entrega mutua donde  dos cuerpos, por amor, se funden un uno.
Y digo que no confundáis lo que es amor porque fácilmente, sobre todo para los jóvenes, amor es sinónimo de sexo.
No, no lo es, y es fácil de comprender. El sexo, un día se apaga; el amor, si es tal, jamás.

Hay un índice para todo y para todos. Cuando en él alguien os busque, pueda leer esta especie de  epígrafe: “En sus ojos parpadearon muchas auroras porque amó”.

A veces me abate el pensar que el amor, la sensibilidad, la bondad… son causa de mayor dolor, y me siento víctima de una educación en valores, víctima, sí, de una forma de ser tan  proclive a la compasión, al sentimiento, al amor por todos y por todo.
Pero, tras oír algunas reflexiones vuestras en esta línea, quiero deciros que, al igual que se puede sufrir, se puede  gozar, y que no optéis jamás por haceros insensibles ya que estaréis renunciando a su vez a los únicos placeres que valen la pena: la sensibilidad, la bondad, el amor que todo lo transforman.

Amad, hijos, amad al pobre, al rico, al viejo, al niño… Amad a todos, amad  siempre.

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