Queridos hijos: Esta madrugada, una vez más, la luna me ha dejado extasiada con su maravilloso caminar por nuestros cielos. La miré, la vi, la perseguí hasta que se me perdió, pero su rastro quedó eternizado en estas fotografías que os dedico. ¿Y si hiciéramos lo mismo con todos los seres humanos?
Os quiero muchísimo.
Yo quiero ser siempre noche,
con luna llena por techo,
con tambores nazarenos de fondo en mis
silencios,
con arrullos de ardientes amores
ciñendo mi cuello.
Desde mi terraza, horizontes de largos
caminos
que me llevan y traen como frágil vilano,
a ese mundo de lejanías en el que
quiero
seguir encontrando…
tejados por donde corra la lluvia,
torres catedralicias con carillones de
nostálgicas campanadas,
claustros y conventos con rezos de
vísperas en coros,
y quiero seguir encontrando molinos de
viento,
charcos y alcantarillas, atestadas de
chaparrones,
y ese lugar de mis sueños de siempre:
agua, jardines, ríos, canciones, niños…
Sí, yo quiero ser siempre noche,
con sueños irisados de juegos en en horas de libertad,
con horizontes de brazos abiertos al purpúreo goteo de la alborada...
Luna lunera cascabelera.

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